jueves, 2 de abril de 2009

En el futbol como en la vida...

La realidad es que no soy futobolero, a menos que juegue México. El día de ayer me sucedió algo extraño, a mí y a muchos otros mexicanos, sufrimos una profunda desilusión al ver derrotada a nuestra selección. No escribiré sobre futbol, no hay necesidad de revivir momentos desagradables que nos hacen ir a la cama de mal humor -al menos ese fue mi caso-. Sin embargo, creo que este partido de futbol reflejó mucho de lo que implica ser mexicano en estos días.

Para empezar, como siempre, llegamos sintiéndonos superiores a nuestros vecinos del sur, hablando de Centroamérica por supuesto porque más al sur estamos un tanto más acomplejados. Cuando nos vimos en aprietos jugamos con el corazón, no con la cabeza. Todos corrían como cabras desbocadas y se hizo un perfecto desmadre (como cuando el río se sale de su cauce). El ímpetu se convirtió en frustración y repudio a la autoridad; empezaron las patadas y la incredulidad de que nos marcaran infracciones: ¿cómo me marcas falta si el otro güey metió gol sólo porque metió la mano? Perdimos calientes y con poca honra, jugamos como si el llano estuviera en llamas y no como verdaderos profesionales.

En los comentaristas, hablando de Martinolli, Campos, Luis García y demás, se notaba una profunda esperanza al comienzo del complemento; esperanza que se convirtió en confusión, incredulidad, frustración y resignación. Cuando todo terminó sólo quedó el enojo, la sensación de que nos dañamos solititos y que tanta habladuría sobre nuestra supuesta superioridad se quedó tan sólo en eso (aunque me parece que en lo individual en realidad si somos superiores a los hondureños -hablando estrictamente de futbol-).

Un nuevo día y es momento de buscar culpables. El impulso natural del mexicano de buscar respuestas fuera de su patria, trayendo un extranjero que sabe mucho de futbol europeo, se convirtió en una especie de rencor de sabernos engañados: ¡no llegó el salvador de afuera!

¿Quién puede pensar en el poco profesionalismo de nuestros jugadores cuando el tal Erickson nos falló? ¿Qué más da que no pudiéramos ver si su estrategia funcionaba -pues el tri no se sentía como que hacía mucho caso, en especial en los últimos 30 minutos- cuando probamos el amargo sabor de la derrota?

Si cambiamos el escenario, y no pensamos en futbol, esta escena no parece tan única: “salimos a luchar por nuestros objetivos, hacemos menos al de enfrente burlándonos, buscamos siempre un salvador con una varita que haga que todo esté mejor; un momento, las cosas no están saliendo como pensábamos, empezamos a enojarnos, dejamos de pensar y le metemos más víscera al asunto, nos quejamos de las autoridades pues nos chingaron, iniciamos con la quema del ídolo de barro porque el muy infeliz nos defraudó y terminamos con un buen: ¡Viva México cabrones!”

Por cierto, México perdió contra Honduras 3-1.

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