Hablemos de México. Del México con equis, la cruza genésica de esos dos palos disímiles. De ese México que se levanta todas las mañanas con el peso de la injusticia. Un país que se define a sí mismo como ingobernable, con un presidente “electo” por el 36.38 % de la población; un país dividido en el que las Instituciones son estandartes de mezquindad que ondean sobre la corrupción y la indiferencia. Aunque muchos no entiendan, la situación actual del país es el resultado del clasismo anquilosado que sobrevive desde la Colonia…traemos a cuestas un pueblo oprimido que constituye más del 50% de la población, sin saber, que esta sediento de justicia, de tranquilidad.
Sin embargo, la pobreza no oprime a todos. Tan es así que podemos recorrer colonias residenciales, avenidas con autos de lujo, Universidades, si es que lo son, repletas de jóvenes y académicos sordos a los estímulos del mundo exterior. Que sin saber, sin siquiera comprender que son tan mexicanos como los pobladores de los asentamientos marginales que los rodean, siguen ignorando los enormes retos por hacer.
Desde el Norte del País hasta la Península de Yucatán, los estados son parte del feudalismo postmoderno, que cumple los caprichos de la clase gobernante, donde los nacidos para perder siguen perdiendo.
Pero, ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde ir? Ante un panorama tan poco favorable es fácil darse por vencido. Empecemos ahora, que nuestras opciones de vida no sigan dando pie a los grandes vicios de nuestro país: desde que nos levantamos cambiemos esta realidad, en nuestros distintos campos de acción vivamos la congruencia que significa hacer de este un país mejor, estudiando, trabajando, denunciando la injusticia y haciendo algo por erradicarla. Buscando la excelencia en los detalles podemos extender y contagiar al resto las ganas de hacer las cosas bien. Tan simple como eso, eso necesita México, eso necesitamos los mexicanos.
